jueves, 4 de agosto de 2016

Con las ganas.

catala roca
Fuente
Solo habían pasado unos pocos meses, pero un desierto se extendía entre mi vida actual y, aquellos días entre paredes de instituto donde todos los alumnos éramos protegidos por profesores que nos trataban como hijos. Ahora, solo apreciaba intensas corridas hacia autobuses destartalados que definitivamente, odiaba. No obstante, era interesante y al mismo tiempo descorazonador, observar las extrañas relaciones entre sus pasajeros, conocidos y desconocidos, que tomaban el camino de retorno a casa.

El autobús llegó antes ese día y sin llegar a ser consciente de ello, canjeé mi viaje de vuelta mientras el imponente vehículo se movía de manera irregular, abrumadora. Los asientos estaban casi completos y fui muy inocente desplazándome, trastabillando un par de veces y apretando fuerte las asas de mi mochila. Finalmente, encontré un asiento en el que no habían trastos ni cuerpos. Elevé la vista y al lado, un cuerpo, el de ella, que por supuesto, ni me dedicó una mirada. Y me senté.

Al instante, pude recordarlo todo. Nuestros besos en el cuello y también, algunos pecados compartidos. Quizás, ahora estábamos pisando ascensores prohibidos o tensando de nuevo aquella cuerda en la que nos caímos ese día. Ahora nos rozábamos con los brazos y nuestras manos hacían ademán de juntarse, pero todo parecía una triste y vaga ilusión.

Ella, llevaba el pelo mucho más largo que antaño y en cierto modo se había convertido en mí. En esa persona incapaz de sanar heridas ajenas, en esa persona incapaz de dirigir la palabra, en esa persona sumergida en una realidad tan frágil, como Con las ganas, la canción de Zahara que escuchaba con su teléfono mobil. En efecto, se había disfrazado de mí.

Pero recopilando nuestros escasos movimientos, en ese corto trayecto, aprecié que también yo había cambiado y que, pese al tiempo sin verla, todavía estaba pegada a mis poros. Me mordí los labios varias veces y siempre al compás de los suyos y no le quité la vista a la caja de rotuladores porque parecía que se iban a desparramar de un momento a otro por el pasillo, un detalle que nunca habría apreciado si no supiera que la pintura era para ella, siempre lo más importante.

Como dos gatos, como animales, fingimos que no nos conocíamos y cuando llegamos a nuestra ciudad, salimos por patas. Pactamos con los ojos, la puerta por la que salir y de esa manera, evitar este desafortunado, pero deseado encuentro. Me despedí del conductor, pues salí por la puerta delantera y mientras bajaba el último escalón, le dediqué a esta chica, un último pensamiento: te voy a echar de menos.
                                                             ***

¿Cómo participar en #ColectivoDetroit?


1. Leer el “enunciado” del ejercicio (en negrita, más arriba).
2.Interpretar el “enunciado” del ejercicio libremente.
3. Escribir lo que te sugiera.
4. Publícalo en tu espacio.
5. Cuéntanoslo para que podamos enlazarte tanto en los comentarios como por las redes sociales.
6. No olvides usar el hashtag #ColectivoDetroit, y disfrutar la participación al máximo.

Enunciado: El ejercicio de esta semana es muy sencillo. Se trata de elegir una obra de arte, la que tú quieras: un cuadro, una escultura, tu obra de arquitectura favorita... Incluso una fotografía, una cerámica. Todo vale. Seguro que esa obra de arte tiene su propia historia, lo que su autor nos trataba de contar. A veces las interpretaciones de esas obras de arte están tan instaladas en nuestro inconsciente que es lo único que vemos. Esta vez te retamos a que las reinventes. Elige esa obra de arte, deshazte de toda influencia y cuéntanos otra historia, la tuya. 

Vi esta genial iniciativa en el blog de Cristina y pensé que sería una buena idea para sacar fuera, unos fragmentos de historias que danzan ahora mismo por mi cabeza. También os recomiendo que leáis la versión de Cristina, así como las de Jennifer y Adri.




2 comentarios:

  1. ¡Bievenida al #ColectivoDetroit! que ilusión me hace tu participación. Tengo que confesarte que tu ejercicio provocó que me diese un vuelvo al corazón. Precisamente la primera vez que me hicieron escribir un relato a partir de una obra de arte tenía que ser inspirada en una fotografía de Catalá Roca. Una muy chula, Gran vía de Madrid creo, se ven unos hombres entrajeados pero lo que más destaca son las sombras en el suelo. Es una fotografía (como todas las suyas) con muchísima fuerza. Te juro que al verla noto el sol ese todavía frío - y urbano- de la mañana sobre la piel. Nunca olvidaré la historia que me inspiró. Las ciudades, esconden un montón de secretos ¿verdad? He visto a tu personaje perfectamente, apretando las asas de la mochila . Me dejas "con las ganas" de seguir leyéndote. Espero que nos des la oportunidad.

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  2. Muchas gracias por el comentario, me alegro mucho que te haya gustado mi relato. ¿Qué casualidad lo de la fotografía, no? Por supuesto que voy a continuar, porque me parece una iniciativa muy bonita.

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