sábado, 22 de agosto de 2015

El día en la playa

Por desgracia, ella no viaja ni ha viajado mucho. O al menos, no tanto como le gustaría. Sus sueños van sobre maletas y, aunque sus expectativas para el futuro le sean más favorables que las actuales, por el momento pasar todo el día en la playa de su ciudad, ya le suena a una gran aventura.






















Fuente (he mutado el tono de color original).


Y es que, el hecho de poder acudir a algo tan puro como el agua y el refugio fresco que se tiene en ésta en contraposición a la simple vida en casa, no tiene precio.Maldice no haber llegado antes y se conforma con leer unas páginas de su novela de playa, su lomo hace acopio de ello.



Tomarse una sandía a escasos metros del arena en su diccionario de español, significa vida.



Pero ella necesita de la playa, su inspiración. Y, haciendo un pacto con ella, se lo concede y pensando mientras realiza un juego de agua y arena, le jura amor eterno y el ansiado regreso a este paraje natural los días de verano que todavía quedan y para toda su vida.


La inspiración llega en pequeños botecitos que arroja el mar y le permiten construir un nuevo sueño sobre el agua, una novela para concursar, un mes para realzarse y un propósito que no puede cumplirse.














Y si le preguntan cómo se siente, dirá que bien, que el agua del mar le ha dado aliento y fuerza además de inspiración, que se ha olvidado del desorden de su cuarto y que necesita compañía en su nuevo reto, la vida universitaria.


Pero, ¿acaso alguien puede ayudarla? ¿acaso alguien podría acompañarla?


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