martes, 14 de julio de 2015

Entre el desorden



          No hay nada más. No hay más opción. Un dolor frío le recorre la espalda.
 La palidez y resignación de su rostro afirma que todo está acabado, perdido. No llora, solo...un vacío incómodo y una habitación con cuatro paredes blancas.














            Antes era capaz de arreglar el desastre de papeles y ropa de su habitación, que todo volviera a la normalidad, que todo recuperara el orden. Una compañera de clase le comenta que su carpesano es un lío, un completo desorden, pero es curioso porque ella siempre sabe donde lo tiene colocado todo y no parece que sea un cúmulo de plásticos sin sentido, fundas de plástico forradas y, con los agujeros destrozados. Algún día, ella manifestaba su interés por las cosas, algún día ella intentaba ordenar, todo su personal desastre.



































           

Creo que el desorden ya no es lo que era, la habitación al menos está llena de pinceladas de color, no es blanca y negra. Supongo que eso ha ayudado a corregir el desorden, que su cabeza estuviera confusa y desmontada. Y por suerte ya no es así.
















                                                 


                                        














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